
La escalinata y el pórtico
Columnas blancas, alero de teja de barro y una puerta en arco de hierro forjado. Una entrada pensada para recibir, como en las casas de antes.

A comienzos del siglo XX Bogotá se llenó de casas republicanas: fachadas blancas, influencias europeas, techos de teja y salones amplios. Eloina es una de ellas, y por eso quien llega siempre menciona lo mismo: sus espacios.

Columnas blancas, alero de teja de barro y una puerta en arco de hierro forjado. Una entrada pensada para recibir, como en las casas de antes.

Arcos de medio punto, lámparas de araña y apliques de bronce enmarcan el recibo, donde te atendemos de forma personal a cualquier hora del día.

Grandes ventanas que dejan entrar la luz de la sabana. Rincones con cortinas de lino, mesas de madera y flores frescas.

Pasillos amplios y luminosos que conducen a cada habitación, lejos del ruido de la calle.
Al caer la noche, las luces y guirnaldas iluminan la fachada y la escalinata. Una bienvenida que se reconoce desde la calle, a cualquier hora de llegada.
La arquitectura republicana mezcló el oficio local con referencias europeas. En Eloina se reconoce en cuatro detalles.
Ambientes frescos y aireados, con una amplitud difícil de encontrar en construcciones nuevas.
Arcos de medio punto en puertas y salones que separan los espacios sin cerrarlos.
Cornisas y detalles de yeso que dan carácter a techos y muros.
La entrada elevada sobre la calle, con escalones de piedra y pórtico de columnas.
Salas para leer, ventanas para mirar la ciudad y una casa entera para sentirte en calma.







Lo esencial, bien hecho. Así cuidamos cada estancia en la casa.
